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COSOBERANIA PARA OLIVENZA

¿Quien Tiene Coraje?

 Quien visita las tierras vecinas de Olivenza se depara con algo inesperado (en el resto del territorio español la ciudad no es, pura y simplemente, conocida).

 

Pasados que están más de doscientos años de la incorporación de Olivenza en el territorio español, sus vecinos continúan a llamarles “los portugueses”. Juguetean con el asunto, pero el prejuicio es patente. Para ellos los oliventinos no son bien españoles.

 

 Este comportamiento tiene una explicación lógica. Olivenza fue incorporada en el territorio español (1801) cuando la identidad nacional española estaba ya bien consolidada (un proceso que se inició en el siglo XV).

 

 Como es lógico, durante mucho tiempo después de la integración en España, los oliventinos se diferenciaban bastante – por la lengua, por las costumbres y tradiciones, por la mentalidad, por la arquitectura y por los nombres – de sus vecinos españoles.

 

Se pasaron más de dos siglos, pero los de Olivenza continúan a ser “los portugueses”. Muchos sólo consiguieron lidiar con esta diferencia renegando los orígenes portugueses o alardeando un patriotismo español exacerbado, como se fuera necesario probar, a doblar, su lealtad en relación a España.

 

La verdad es que los oliventinos son, simplemente, diferentes de los de Badajoz o de los de Elvas. Son el producto de una historia única que los hizo diferentes de todos los otros.

 

En mi opinión están reunidas, por primera vez en dos siglos, las condiciones políticas para que Olivenza pueda ver reconocida su especificidad cultura, histórica y social.

 

 España es hoy una democracia consolidada en que la rica diversidad lingüística e histórica es reconocida y acepte. Portugal y España forman parte de la misma entidad política (la Unión Europea). Dividimos la misma bandera, la misma moneda, gran parte de la legislación y, cada vez más, las mismas empresas y productos.

 

 En el fondo falta sólo que nazca un movimiento político, con verdadera implantación en Olivenza, que apueste en un proyecto moderado de autonomía política y cosoberania.

 

Si los oliventinos manifestaran, algún día, ese antojo, de forma mayoritaria, a los Estados español y portugués sólo les restará negociar ese estatuto.

 

 La opción es simple para los políticos locales. Pueden hacer historia de verdad o poden, por el contrario, pasar sin pena ni gloría junto de la oportunidad única de liderar el proceso de emancipación del pueblo oliventino.

   

 ¿Quien tiene coraje?

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